El mejor Chapecoense vuela.

 

Imagen por: EFE
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El título de este artículo es una mezcla de plagio y lauro. La historia más bonita de las que ha escrito el fútbol tiene por protagonistas a unos muchachos que vestían de grana. Vestían y visten, porque un 4 de mayo de 1949 se hicieron inmortales. La historia del “Gran Toro” es tan especial para este que escribe, que la simple comparativa hace de este el mejor homenaje que puedo hacerle al Verdão do Oeste.

El Torino F.C. que perdió la vida para mantener una promesa. Que gano la inmortalidad tras perder un amistoso. El equipo más grande de la historia. Leyenda del fútbol que narra como nadie Don José Antonio Martín Otín “Petón” y que recomiendo leer o escuchar al quien no la conozca.

Chapecoense nace de la pasión y del amor al fútbol. En 1973 el balompié en el estado de Santa Catarina sufre una crisis de identidad. Santa Catarina por su posición geográfica, por su industria y por su capacidad de exportación se encontraba mucho más interesada en sacar réditos empresariales que en cuidar a su fútbol. No era desinterés. Simplemente lo vas dejando…

Un buen día de aquel buen año, una reunión entre miembros de todos los niveles de Atlético Clube Chapecó e Independente Futebol Clube, dos clubes ya existentes en la región, da como resultado la decisión de fusionarse para dar un impulso al fútbol de la región. Un estado con potencial para tener al menos un equipo en la élite. Para exportar algo más que pollo. En aquella reunión había de todo. Heitor Pasqualotto, Alvadir Pelisser, Altair Zanella, Lorário Immich o Vicente Delai entre otros. En definitiva futbolistas, ex futbolistas, aficionados…

Había pasión y ganas de que el fútbol no fuese secundario. Al fin y al cabo eran brasileños y para un brasileño el fútbol esta entre el aire y el agua.

Entre regate y regate enganchan al proyecto a un ramillete de empresarios de éxito de la ciudad quienes les apoyaran económicamente en el impulso inicial. Pero como casi todo lo que nace de la pasión, nace pobre. En sus primeros años, incluso con este sustento económico, sus jugadores no eran más que amateurs que conciliaban fábrica y césped. En 1977 ya era campeón del Catarinense, el campeonato estatal que le correspondía.

Después de este éxito primero, el club sufrió una serie de altibajos en todos los sentidos. Finalmente al inicio de los años 2000 la situación deriva en una crisis que hace rozar la desaparición a Associação Chapecoense de Futebol.

En 2003 ese espíritu inicial de Chapecoense, mezcla de pasión e inteligencia empresarial vuelve a resurgir. La fórmula no era nueva. Ellos la conocían bien. El club usa una trampa legal para evitar pagar gran parte de la deuda que le ahogaba y pasa a llamarse Associação Chapecoense Kindermann/Mastervet. Aquel movimiento solo dura un año pero sirve para recordar a los grandes hombres de negocio (en busca de oportunidades económicas en tiempos de bonanza) que ahí había potencial. En 2006 comienza una década prodigiosa que acaba con el equipo clasificado para su primera final continental.

El modelo económico es claro. No se pagan traspasos. Se crece desde la selección de futbolistas con potencial y la captación de aficionados.

De los 14 futbolistas utilizados por Caio Júnior en el partido más importante de la historia del club hasta el momento, la vuelta de las semifinales contra C.A. San Lorenzo de Almagro de la Copa Sudamericana, ninguno de ellos costó dinero al club.

En 1949, con cuatro jornadas aún por jugar del campeonato italiano todos los equipos por unanimidad decidieron que el campeón fuese el Toro. Era un homenaje sentido de todos hacia el equipo que había maravillado al mundo y que había ganado los cuatro anteriores (e iba a ganar el quinto, no piensen lo contrario) Sus aficionados, y un millón de personas más, se echaron a la calle nada más confirmarse la tragedia para llorar a sus ídolos. Lo que no sabían era que lo que habían dejado atrás no era más que una firma inmortal y poética a un fútbol que ya combinaba esos elementos. El mejor toro vuela. Cada 4 de mayo su perdida une a esa afición, a ese equipo y lo hace más grande. Año tras año, cada padre que lleva a su hijo de la mano al fútbol le cuenta la historia del capitano Valentino Mazzola y sus amigos. Hace que independientemente de los scudettos que consiga el otro equipo de la ciudad, jamás en la vida podrá alcanzar al Torino.

La pérdida del mejor Chapecoense de la historia es por encima de todo una tragedia. Ahora con la inmediatez del dolor prevalece aún más. Pero la poesía y la música que lo acompaña no pueden ser olvidadas. Su último partido disputado es el que hizo campeón a S.E. Palmeiras. Lo que aún no sabíamos era que el campeón estaba enfrente.

Esas 76 personas que han perdido la vida nos han regalado una historia de oro para el fútbol.

Chapecoense es un  club que nació de la pasión y el amor al fútbol. A partir de hoy, todos los padres que lleguen de la mano de sus hijos al Arena Condá podrán contarle la historia de estos muchachos. Eso pasara día tras día y año tras año. Cada 28 de noviembre habrá que recordarles y su recuerdo servirá para que cada día este humilde club sea cada vez más grande. Ese club que, nacido para hacer visible el fútbol en un pequeño estado de Brasil, hoy desgraciadamente es noticia mundial. Es historia del fútbol.

El 6 de diciembre podían ser campeones. Hoy son campeones para siempre.