Carlos José Castilho. El daltónico, el mutilado, el grande.

En el fútbol, que es la vida pero con menos patadas, hay términos; que si bien en principio se contraponen, en la práctica conviven, se alimentan y siempre se necesitan. Así una persona que toca el éxito con las manos puede fracasar a la siguiente jugada. En el siguiente paso. Incluso el prisma con el que se mire al adjetivado puede suponer que se califique con antónimos la misma situación, las mismas acciones o el mismo ser humano.

Un héroe puede ser un villano para otros, la eternidad puede ser un segundo y el valiente puede ser cobarde. La ambivalencia siempre es inherente a los valores abstractos.

Carlos José Castilho fue un héroe. Toco el cielo. Voló mil veces.

Como tantísimos porteros, comenzó jugando en una posición en la que tocar el balón con las manos está penalizado. Pero como tantísimas veces el destino, como la mujer que es, toma la voz cantante a la hora de elegir. Castilho nació portero y sobretodo, murió portero.

Llego al club de su vida con 20 años y con 22 ya era “leiteria”; que significa “portero con flor en el culo”. Como la suerte no es eterna pero los milagros sí, Castilho ganó entidad y su mote acabo siendo San Castilho. Que viene a significar “lo que antes era una flor ahora es talento”. Su especialidad eran los penaltis. Titular indiscutible y leyenda histórica de Fluminense F.C., era un tipo espectacular. La hinchada tricolor le llora aún.

Ganó entre otras cosas cinco ligas para su club e hizo lo que nadie, hasta que llego O´Rey, en la selección. Estaba en esa selección brasileña que perdió en el Estadio Maracaná el primer Mundial de fútbol de la historia. Y estaba doce años después cuando La Verde-amarela era ya bicampeona. Cuatro campeonatos del mundo consecutivos. Dos títulos mundiales y un sudamericano.

Carlos José Castilho fue un héroe. Toco el cielo. Voló mil veces.

Castilho
Imagen por: Observatório do Fluminense

Castilho era daltónico de nacimiento, para él los colores eran insignificantes. Y sabía por lo tanto que para los demás eran muy importantes. Él, que tenía dificultades para ver ese esférico grisáceo que se acercaba a su arco fue el primero en cambiar el negro típico del portero clásico por otro. Gris.

Ahora aún quedan jugadores que saben lo que es dejarse la piel en el campo, superar dificultades para triunfar y sacrificarse por el bien común. No solo el de sus compañeros si no el de todos los que gritan, lloran, patalean, besan o bailan según hagan su trabajo. No solo a ganar o perder. Hacer su trabajo. Aún quedan jugadores que son ejemplares. No queda nadie como Castilho.

Hazañas dejó bastantes a lo largo de su carrera, tantas que si las intenta contar con los dedos de la mano solo llegaría hasta nueve. Siendo esto reseña de la más conocida.

Quedaban pocas fechas para acabar un campeonato extremadamente igualado. Castilho se lesiona por quinta vez del dedo meñique de su mano derecha. Esta vez no podía más. Tuvo que ir al médico. El doctor le ve el dedo y se echa las manos a la cabeza. “Carlos, tienes que estar parado hasta la temporada que viene”. Castilho pregunta por otra solución. “No hay, vas a perder el dedo si sigues” le dice el galeno. “Sin dedo puedo jugar, con dolor no. Ampute doctor” responde el portero. Se lo cortaron. Jugó. Fueron campeones.

Carlos José Castilho fue un héroe. Toco el cielo. Voló mil veces.

Una mañana de otoño Don Carlos José Castilho. 59 años. Entrenador de profesión. Que tenía en su currículo títulos y el honor de haber entrenado a los más grandes equipos de Brasil. Hace su último vuelo. Como ya habéis descubierto era un tipo peculiar. Tanto que se llevaba bien con su ex mujer y para más gloria, su actual permitía, y era feliz, con su amistad con la primera. Desde la ventana del piso de Vilma, la primera, saltaba un portero. Un hombre que no tenía problemas económicos ya que acababa de firmar como seleccionador de Arabia Saudí, y ya se sabe. Su problema era un dolor crónico, que algunos sitúan en el alma y otros en la cabeza. Esta vez no acabaría el vuelo con un balón en sus manos.

Carlos José Castilho fue un héroe. Toco el cielo. Voló mil veces.